Tierra de hombres
Tierra de hombres Sigo teniendo la garganta obstruida, es un mal signo y, sin embargo, me siento mejor. Me noto sereno. Me noto sereno más allá de toda esperanza. A pesar de mis deseos me marcho de viaje, maniatado bajo las estrellas, sobre la cubierta de mi bajel de negreros. Pero tal vez mi suerte no sea tan mala…
Ya no siento el frÃo, a no ser que mueva un músculo. Asà me olvido de mi cuerpo dormido bajo la arena. Ya no me moveré más, y asà jamás volveré a sufrir. Además, la verdad, se sufre tan poco… Detrás de todos estos tormentos se encuentra la conjunción entre la fatiga y el delirio. Y todo se transforma en un libro de imágenes, en un cuento de hadas un poco cruel… Hace un momento el viento me acosaba y, para esquivarlo, me giraba en redondo como un animal.
Después he tenido dificultades para respirar: una rodilla me aplastaba el pecho. Una rodilla. Y yo me debatÃa bajo el peso del ángel. Nunca me encontré sólo en el desierto. Ahora que ya no creo en lo que me rodea, me aÃslo dentro de mÃ, cierro los ojos y ni siquiera pestañeo. Siento que todo este torrente de imágenes me lleva hacia un tranquilo sueño: los rÃos se calman en el grosor del mar.