Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Si necesitáis tomar alguna cosa —le dijo—, podéis salir, pero no os alejéis mucho y procurad estar aquà cuando se pronuncie el fallo, porque he de enviaros a casa. Sois el mensajero más ligero que conozco y llegaréis a Temple Bar antes que yo.
El señor Cruncher apenas disponÃa del espacio de frente necesario para tocársela con el Ãndice en reconocimiento del chelÃn que acompañó esta orden.
Al mismo tiempo se acercó el señor Carton, y preguntó al socio de Tellsone:
—¿Cómo está la joven?
—Muy disgustada por lo que ha pasado, pero mejor desde que le ha dado el aire.
—Voy a dar la noticia al acusado. No os mováis, porque no serÃa decoroso que un hombre de vuestro carácter, un hombre que ocupa cierta posición en el mundo de la banca, hablase en público con un preso.
El señor Lorry se ruborizó, como si confesara haber considerado Ãntimamente la posibilidad, y el señor Carton se dirigió hacia el exterior de la barra. La salida de la sala estaba en esa dirección, y Jerry lo siguió, todo ojos, oÃdos y pelos de punta.
—Señor Darnay —dijo, y el preso se adelantó—, desearéis saber cómo está la señorita Manette, porque es muy natural. Acaban de decirme que su agitación empieza a calmarse y que está mucho mejor.