Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Dos solamente.
—Dame primero la más difÃcil.
—Elige, aquà están, Sydney; haz lo que quieras, pero no te detengas y despliega todo tu talento.
Después de pronunciar estas palabras con tono decisivo, el león se reclinó sobre un sofá, con las botellas a mano, mientras el chacal se sentaba delante de un mal escritorio, desde el cual podÃa alargar también su mano hasta las botellas que habÃa sobre la mesa. Los dos amigos bebÃan continuamente, pero desplegaban figuras distintas en sus movimientos. El león, reclinado con indolencia y con una mano en la cintura, contemplaba el fuego de la chimenea y hojeaba de vez en cuando el proceso, y el chacal, con el ceño fruncido y el rostro atento, estaba tan profundamente absorto en su tarea que sus ojos no seguÃan siquiera la mano que alargaba para tomar el vaso. Cuando el trabajo ofrecÃa alguna dificultad, Sydney se levantaba para empapar nuevamente las toallas, y continuaba trabajando con su turbante, con una pinta que resultaba aún más excéntrica al lado de la gravedad del abogado.
Habiendo terminado por fin de preparar la comida del amo, el chacal se dispuso a servÃrsela, y el león se dignó tender la mano para recibir lo que le presentaban, eligió lo que le pareció conveniente y discutió su mérito siempre con el auxilio de su humildÃsimo servidor.