Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

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—Muy bien. Venid por aquí, caballero. Acompaña al señor a la Concordia, y sube la maleta y agua caliente. Encontraréis encendida la chimenea en la Concordia, caballero. Acompaña al señor y quítale las botas. Corre a buscar al barbero y hazle subir a la Concordia.

El cuarto llamado la Concordia, que se daba siempre a los viajeros que llegaban en el coche del correo, tapados hasta las orejas como iban, ofrecía la particularidad de que se veía entrar en él solo a un tipo de individuo, pero de él salían después los tipos más distintos. Así pues, otro mozo, dos mandaderas, varias criadas y el ama de la fonda iban y venían de la cocina y del cuarto de la ropa blanca al aposento de la Concordia cuando salió de él, dirigiéndose al comedor, un hombre de unos sesenta años vestido con un traje completo de paño de color marrón, un poco usado pero muy limpio, de excelente hechura y a la moda.

El comedor estaba desierto. Cerca de la chimenea había una mesita preparada, sin duda para el viajero del traje de color marrón, el cual se acercó a ella y se sentó junto al fuego en una inmovilidad tan completa como si fuera a ser retratado.



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