Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Muy bien! Tenéis más sangre frÃa, os domináis mejor. —El tono del señor Lorry desmentÃa sus palabras—. Consideradlo un negocio, un simple negocio que hay que cerrar. Continúo, pues. Si la esposa del doctor hubiera sufrido tanto pesar antes del nacimiento…
—¿De su hija?
—Precisamente. No os desconsoléis; se trata de un simple negocio. Si la esposa del doctor, queriendo evitar a su hija las angustias que padecÃa por los tormentos del cautivo, hubiera dicho a la niña, cuando esta llegó a la edad de la razón, que su padre habÃa muerto… por el amor de Dios, ¿por qué os arrodilláis?
—Para suplicaros que me digáis la verdad… ¡Sois tan bueno, caballero!
—Es un simple negocio, señorita. Me confundÃs. ¿Cómo queréis que me explique si me turbáis asÃ? Es necesario que conservemos la sangre frÃa. Si tuvierais la bondad de preguntarme cuál es el total de nueve peniques multiplicados por nueve, o cuántos chelines contienen treinta guineas, estarÃa más tranquilo y podrÃa contestaros mejor.
La señorita Manette recobró bastante el dominio de sà misma para tranquilizar al señor Lorry.