Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades ¿Cuántas restituciones tendrÃa que hacer Tellsone de ahora en adelante? ¿Cuánto dinero no reclamado quedarÃa en sus arcas? ¿Cuántas alhajas y vajillas de plata se oxidarÃan en sus escondrijos después de la muerte de quienes las habÃan depositado? Entre aquellas cuentas corrientes, ¿cuántas habrÃa cuyo balance no se harÃa en este mundo? Nadie habrÃa podido decirlo, ni siquiera el mismo señor Lorry, a quien estos interrogantes daban quebraderos de cabeza a todas horas.
El agente de Tellsone estaba junto a la chimenea (el invierno prematuro se hacÃa sentir), y en la bondadosa fisonomÃa del señor Lorry se veÃa una sombra más densa que la que podÃan proyectar los objetos que lo rodeaban. En su fidelidad al banco, del que habÃa llegado a ser parte integrante, se habÃa hospedado en el palacio y su habitación era vecina a los despachos. La casualidad permitió que lo protegiese la ocupación patriótica del edificio principal; pero ese hombre excelente no lo habÃa calculado: con tal de cumplir con su deber, lo demás le era indiferente.