Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Sujeta al menos la lengua. Si tienes que decirme algo, salgamos; me hablarás en la calle. ¿Quién es ese hombre?
La señorita Pross respondió, moviendo la cabeza y mirando a su hermano con cariño:
—Es el señor Cruncher.
—Que salga con nosotros —dijo Solomon—. ¡Cómo me mira! ¿Me toma acaso por un fantasma?
Era muy posible. Sin embargo, Jerry no respondió, y examinando el aya los rincones del saco, acabó por hallar el bolsillo y pagó el vino.
Solomon daba mientras tanto a la concurrencia una explicación que parecÃa satisfacerla, y todos volvieron a su puesto y continuaron jugando o bebiendo.
—¿Qué quieres? —preguntó Solomon parándose en una esquina.
—¡Qué doloroso es —exclamó la señorita Pross— ser recibida asà por un hermano a quien siempre he querido tanto!
—¡Qué diablos! —replicó Solomon, abrazando a su hermana—. Vamos… ¿Estás contenta ahora?
La señorita Pross negó con la cabeza y continuó llorando.