Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Está debajo de mi brazo —dijo la señorita Pross, con voz sorda—, pero no la sacarás. A Dios gracias soy más fuerte que tú. No te soltaré hasta que una de las dos caiga desmayada, o muerta.
La tabernera se llevó la mano al pecho. La señorita Pross la miró, vio lo que ahà tenÃa, se lo quitó, saltó una chispa, sonó un estallido, y en un momento se encontró sola, siguiendo con la mirada el movimiento, descubrió una pistola, se apoderó de ella cegada por el humo.
Todo ocurrió en un segundo. A medida que el humo se disipaba, en un tremendo silencio, se desvanecÃa también el alma de la furiosa mujer cuyo cuerpo sin vida yacÃa en el suelo.
El primer impulso del aya fue correr a la escalera para pedir auxilio, pero afortunadamente pensó en las consecuencias de tan imprudente paso y, a pesar del horror que le inspiraba aquella casa, se apresuró a volver a entrar en ella, se puso el chal y el sombrero, cerró la puerta, quitó la llave, se paró en el primer tramo de la escalera para tomar aliento y luego bajó rápidamente.