La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Bárbara era el objeto de los elogios del señor Chuckster; como esta se hallaba cerca del carruaje (ya estaba todo listo para la partida), él mostró repentinamente un gran interés por lo que estaba sucediendo y salió al jardín contoneándose y situándose a una distancia cómoda del acontecimiento para no perder detalle. Como era muy avezado en el arte del galanteo (estaba perfectamente familiarizado con los pequeños artificios de la seducción), el señor Chuckster, al escoger su terreno, plantó una mano en la cadera mientras con la otra se agitaba el pelo. Esta es una pose corriente en los círculos elegantes, que, acompañada de un silbido gracioso, se supone que produce gran impresión en el bello sexo.