La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —¿Cuánto es el alquiler? —preguntó el caballero soltero.
—Una esterlina a la semana —contestó Dick, encareciendo el precio.
—Lo tomo.
—La limpieza de calzado y ropa va aparte —precisó Dick—, y la chimenea en invierno es…
—Es… estoy de acuerdo con todo —proclamó el caballero soltero.
—Dos semanas mÃnimo —agregó Dick— son…
—¡Dos semanas! —gruñó el caballero soltero, mirándolo de los pies a la cabeza—. ¡Dos años! Yo pasaré aquà dos años. Aquà tiene diez esterlinas. Trato hecho.
—Bueno, verá usted —especificó Dick—. Yo no soy Brass, y…
—¿Y quién ha dicho que lo sea? Yo no soy Brass…, ¿y qué?
—Es como se llama el dueño de la casa —explicó Dick.
—Me alegra saberlo —repuso el caballero soltero—. Es un buen nombre para un abogado. ¡Cochero, ya puede irse! Y usted también, caballero.