Oliver Twist
Oliver Twist ¡Al fin le detienen!… ¡Ya le han cogido! … ¡Hermosa hazaña! ¡Tendido le tienen sobre el arroyo, y en torno suyo se agrupa la gente, que hasta lucha y riñe para no privarse de la satisfacción de verle!
—¡Despejen ustedes! ¿No ven que se ahoga? ¡Déjenle respirar!
—¡No lo merece el miserable!
—¿Dónde está el caballero?
—No tardará en llegar… Ya está cerca.
—Abran paso a este caballero.
—¿Es éste el muchacho?
—SÃ.
YacÃa Oliver sobre el suelo, cubierto de pies a cabeza de lodo y de tierra, sangrando copiosamente por la boca y mirando con ojos de espanto a los que le rodeaban, cuando algunos oficiosos le llevaron, abriéndole paso a fuerza de puños, hasta el centro del cÃrculo.
—¡SÃ! —dijo el caballero—. ¡Me temo que sea ése el muchacho!
—¡Se lo teme! —murmuraron las turbas—. DebÃa alegrarse, por el contrario.
—¡Pobre muchacho! —replicó el anciano—. ¡Está herido!
—¡Gracias a mÃ! —contestó un ganapán adelantándose—. Le di un puñetazo de los mÃos… Por cierto que me corté los nudillos al dar con ellos en su boca. Yo le detuve, caballero.