Oliver Twist
Oliver Twist —¡Lo dudo, sÃ! —respondió, descargando otro puñetazo sobre la mesa—. No sólo lo dudo: afirmo que no volverá. El muchacho lleva un traje nuevo, algunos libros de valor, y un billete de cinco libras en el bolsillo. Desde aquà irá en derechura a encontrar a sus antiguos amigos los ladrones, y todos se burlarán de usted. ¡Si ese muchacho vuelve a aparecer por esta casa, me como mi cabeza!
Pronunciadas estas palabras, acercó su silla a la mesa, y los dos amigos guardaron silencio, fijas sus miradas en la esfera del reloj que tenÃan delante.
Bueno será hacer constar, a tÃtulo de ejemplo que pone de relieve la importancia que el hombre suele conceder a sus apreciaciones y el orgullo con que ve confirmadas por los hechos conclusiones temerarias y hasta odiosas que se permitió aventurar, que el señor Grimwig, no obstante su buen corazón, que bueno lo tenÃa de veras, y el pesar sincero que le proporcionarÃa ver engañado y estafado a su amigo, en aquel momento deseaba de todas veras y con toda su alma que Oliver Twist no volviera.
La noche fue llegando por sus pasos contados. Apenas se distinguÃan ya las agujas del reloj; pero los dos caballeros continuaban inmóviles y silenciosos, con los ojos clavados en el reloj.