Oliver Twist
Oliver Twist —Atravesaremos la población —dijo en voz baja Sikes—; a estas horas y con esta noche no creo que encontremos perro que nos ladre.
Como Tomás no opuso objeción alguna, penetraron por la calle principal de la población, completamente desierta. En alguna que otra casa se filtraban débiles hilos de luz por las rendijas de algún balcón, y de vez en cuando interrumpÃan el silencio de la noche ladridos de perros, pero en las calles no tropezaron alma viviente los nocturnos viandantes, que dejaban a sus espaldas la población en el momento que en el reloj de la iglesia sonaban las dos.
Apretaron el paso tomando un camino a la izquierda, y al cabo de un cuarto de milla de recorrido, hicieron alto frente a una casa aislada, cuyo jardÃn estaba cercado por un muro. Tomás Crackit, sin detenerse para tomar aliento, trepó hasta lo alto del caballete en un abrir Y cerrar de ojos.
—¡El muchacho ahora! —dijo Tomás—. Alárgamelo; yo te ayudaré desde arriba.
Antes que el desdichado Oliver tuviera tiempo de mirar en torno suyo, se encontró entre los brazos de Sikes, y no habrÃan pasado cuatro segundos, cuando se vio al lado de Tomás en la parte opuesta del muro. Sikes apareció en el acto y los tres juntos comenzaron a deslizarse cautelosamente en dirección a la casa.