Oliver Twist
Oliver Twist —A continuación, añadÃ: «Creo que podemos contarnos los dos con los difuntos, pero no tengas miedo»
—¿Es que sentÃa miedo? —preguntó la cocinera.
—¡Ni por asomo! —contestó Giles—. ¡Impertérrito, valiente… casi tan valiente como yo!
—Si a mà me pasa, me quedo muerta en el acto —observó la doncella.
—Usted es mujer —contestó Britles, que se iba serenando.
—Tiene razón Britles —dijo Giles—. De una mujer, no cabe esperar otra cosa. Nosotros, que somos hombres, y muy hombres, tomamos una linterna sorda que en el cuarto de Britles habÃa sobre una repisa, y bajamos caminando entre tinieblas que se podÃan tocar de este modo.
HabÃase levantado Giles y dado unos pasos con los ojos cerrados, para acompañar el relato con un accionar apropiado, cuando se estremeció violentamente, asà como también todos los que en la cocina estaban, y retrocedió de un salto a la silla que antes ocupaba. La cocinera y la doncella lanzaron dos o tres chillidos de espanto.
—Han llamado a la puerta —dijo Giles, fingiendo una serenidad que no tenÃa—. Que salga alguien a abrir.
Nadie se movió.