Oliver Twist
Oliver Twist —¡EstarÃa gracioso!, ¿verdad que sÃ? que fuéramos a hospedarnos en la primera posada que en las afueras de la ciudad encontráramos, para que Sowerberry, si corre, como supongo, en persecución nuestra, no tuviera más trabajo que el de asomar su fea nariz y cargarnos en un carro, bien adornaditos con esposas! ¡Quia! Seguiremos andando hasta perdernos por las callejas más intrincadas y solitarias de la ciudad y no nos detendremos hasta que encuentre una huronera que nos ofrezca garantÃas de seguridad. Agradece a las estrellas, Carlota, que me hayan dado talento y astucia para los dos; pues de no haber seguido desde el principio senderos poco frecuentados para caer al fin en este camino, dÃas harÃa que te encontrarÃas enjaulada por imbécil, paloma, lo que no te hubiera estado mal empleado.
—Confieso que eres más listo que yo —replicó Carlota—; pero no cargues sobre mis espaldas toda la culpa, y sobre todo, no digas que estarÃa yo enjaulada, pues supongo que si hubiéramos tenido algún tropiezo, enjaulados estarÃamos los dos.
—Fuiste tú la que robaste el dinero —dijo Claypole.
—Pero lo robé para ti, Noé, y por tu encargo.
—¿Lo tengo yo acaso en mi poder?