Oliver Twist
Oliver Twist —¡Que si te oigo! —rugió Sikes, encarándose con la muchacha—. ¡Te oigo, sÃ; y si dentro de medio minuto continúo oyéndote, ten por seguro que el perro se encargará de reducirte al silencio agarrando entre sus colmillos tu garganta! ¿Qué diablos de manÃa es ésa?
—¡Déjame salir! —repitió con insistencia la joven.
Sentándose a continuación sobre el suelo, frente a la puerta, añadió:
—Guillermo… déjame marchar. No sabes lo que estás haciendo… Te aseguro que no lo sabes… Con una hora tengo bastante.
—¡Que me hagan picadillo ahora mismo si esta desventurada no se ha vuelto loca de repente! —exclamó Sikes—. ¡Levántate!
—¡No me levantaré hasta que me dejes salir… no, y no, y no!