Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Las excusas de Piotr Petrovitch produjeron excelente impresión. Después de haber escuchado las palabras de Sonia con grave semblante, Catalina Ivanovna se informó con la misma dignidad de la salud de Piotr Petrovitch. En seguida dijo a Raskolnikof, casi en voz alta, que habrÃa sido verdaderamente chocante ver un hombre tan serio y respetable como Lujine en aquella extraña sociedad, y que se comprendÃa que no hubiera acudido, a pesar de los lazos de amistad que le unÃan a su familia.
‑He aquà por qué le agradezco especialmente, Rodion Romanovitch, que no haya despreciado mi hospitalidad, aunque usted está en condiciones parecidas ‑añadió en voz lo bastante alta para que todos la oyeran‑. Estoy segura de que sólo la gran amistad que le unÃa a mi pobre esposo ha podido inducirle a mantener su palabra.
Acto seguido recorrió las caras de todos los invitados con una mirada ceñuda, y de pronto, de un extremo a otro de la mesa, preguntó al viejo sordo si no querÃa más asado y si habÃa bebido oporto. El viejecito no contestó y tardó un buen rato en comprender lo que le preguntaban, aunque sus vecinos habÃan empezado a zarandearlo para reÃrse a su costa. Él no hacÃa más que mirar confuso en todas direcciones, lo que llevaba al colmo la alegrÃa general.