Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Ah!, ¿sÃ? Pues no me acordaba… Pero entonces nada podÃa afirmar, porque aún no habÃa visto a mi prometida y sólo se trataba de una intención. Ahora es cosa hecha. Si no fuera por la cita de que le he hablado, le llevarÃa a casa de mi novia. Pues me gustarÃa que usted me aconsejase… ¡Demonio! No dispongo más que de diez minutos. Mire usted mismo el reloj. El proceso de este matrimonio es sumamente interesante. Ya se lo contaré. ¿Adónde va usted? ¿TodavÃa quiere marcharse?
‑No, ya no me quiero marchar.