El doble

El doble

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El señor Goliadkin volvió a mirar a un lado y a otro y otra vez renació en él la esperanza. Sin embargo, sentía que un pensamiento vago, un pensamiento nefasto perturbaba su alma. Incluso se le ocurrió la idea de granjearse la simpatía de los empleados, de tomar la delantera por medio de astucias (por ejemplo, al salir de la oficina o acercándose a ellos con la excusa de algún asunto) y en medio de la conversación hacer una alusión así y asá, señores, vaya que el parecido es chocante, es algo extraño, una farsa, es decir, reírse él mismo de todo y sondear así la gravedad del peligro. Después de todo, ¡en río quedo no metas tu dedo!, concluyó mentalmente nuestro héroe. Por lo demás, no fueron más que pensamientos; el señor Goliadkin recapacitó a tiempo. Comprendió que eso sería ir demasiado lejos. «¡Qué naturaleza la tuya! –dijo para sí, dándose un golpecito en la frente–. ¡Ya piensas en jugar y te alegras! ¡Qué cándida es tu alma! No, mejor tengamos paciencia, Iákov Petróvich, esperemos y tengamos paciencia.» Sin embargo, y como ya hemos mencionado, el señor Goliadkin renació lleno de esperanzas, como si hubiera resucitado de entre los muertos. «¡Qué bien! –pensó–. ¡Es como si me hubieran quitado una tonelada de encima! ¡Vaya un asunto! El cofrecito se abría con solo levantar la tapa, como dice la fábula de Krilov. Krilov tiene razón, Krilov tiene razón… ¡Qué ojo tenía ese zorro de Krilov, y qué gran fabulista! En cuanto a ese, pues que trabaje, que trabaje y aproveche siempre que no moleste ni se meta con nadie; que trabaje, ¡estoy de acuerdo y lo apruebo!»


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker