El idiota
El idiota —Pues yo, amigo mÃo, continúo sin comprender nada —manifestó Iván Fedorovich encogiéndose de hombros y haciendo un movimiento con las manos—. Nina Alejandrovna estaba desolada, y lloraba y sollozaba de un modo tremendo cuando vino el otro dÃa, ¿recuerdas? Le pregunté qué le pasaba y supe por su contestación que considera tu enlace como un deshonor para la familia. ¿Qué deshonor puede haber en eso, si me permite preguntárselo? —dije yo—. ¿Quién puede reprochar nada a Nastasia Filipovna ni afear su conducta? ¿Que ha tenido intimidad con Totsky? Hablar de ello es absurdo, sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias. «¡Pero usted no tolerarÃa que tratase con sus hijas!», dijo ella. ¡Figúrate! Verdaderamente esta Nina Alejandrovna no sabe comprender, no sabe hacerse cargo de…
—¿De su posición? —insinuó Gania, concluyendo la frase del general—. No se disguste contra ella: la comprende muy bien. Además, ya le he dicho lo que convenÃa para que aprenda a no intervenir en los asuntos de los demás. Sin embargo, si en casa las cosas no se han puesto peor es porque no se ha dicho aún la última palabra; pero la tempestad se cierne en el aire. Si hoy se dice la última palabra, en casa se desencadenará la tormenta.