El idiota
El idiota —Muy al contrario. Y mamá se sentirá encantada —respondió cortésmente el joven.
—Creo que ya tenéis otro huésped. ¿Cómo se llama? ¿Fert…? ¿Ferd…?
—Ferdychenko.
—¡Ah, sÃ! Ese Ferdychenko no me gusta nada; es un bufón de muy mal gusto. No comprendo por qué Nastasia Filipovna le alienta tanto. ¿Es cierto que tiene algún parentesco con ella?
—¡No! Eso es pura broma. Entre ambos no media el menor vÃnculo de familia.
—¡Entonces que se vaya al diablo! Diga, prÃncipe: ¿está usted satisfecho?
—Le doy las gracias, general. Ha mostrado usted una bondad extraordinaria conmigo, bondad tanto mayor cuando yo no le pedÃa nada. Y no es que lo hiciera asà por orgullo… En verdad, no sabÃa dónde dormir esta noche. Cierto que Rogochin me invitó a visitarle…
—¿Rogochin? ¡Oh, no! Yo le darÃa, prÃncipe, el consejo paternal o, si lo prefiere, amistoso de no visitar a Rogochin, de olvidarle incluso. En general, a mi juicio, harÃa usted bien limitando sus amistades a la familia con la que va a vivir.
—Ya que es usted tan amable —empezó el prÃncipe—, quisiera consultarle sobre un asunto… He recibido aviso de que…