El idiota
El idiota —Tiene un rostro maravilloso —repuso el prÃncipe—. Y estoy seguro de que no ha vivido una existencia vulgar. Aunque su fisonomÃa es alegre, esta mujer ha debido de atravesar grandes sufrimientos, ¿no? Los ojos lo dicen, y lo dicen sus pómulos, y lo dicen esas ojeras… Tiene un rostro orgulloso, altanero… No sé si será o no una mujer de buen corazón. ¡Si fuera buena, todo lo demás podrÃa pasar!
—¿Se casarÃa usted con una mujer asÃ? —preguntó Gania, mirando fijamente a Michkin con ojos ardientes.
—Yo no puedo casarme con mujer alguna, porque estoy enfermo —respondió el prÃncipe.
—¿Y Rogochin se casarÃa con ella? ¿Qué opina usted?
—¡Casarse con ella! Hoy mejor que mañana, si pudiera. Aunque tal vez dentro de una semana la asesinase…
Al oÃr esta contestación Gania se estremeció tan violentamente que el prÃncipe hubo de contenerse para no lanzar un grito.
—¿Qué le pasa? —dijo tomando el brazo del secretario.
El criado apareció en la puerta.
—Excelencia, Su Excelencia le ruega que pase a ver a Su Excelencia.
Michkin siguió al lacayo.