El idiota
El idiota Rogochin, tras escuchar a Michkin hasta el final, rompió a reÃr.
—¿Acaso has encontrado una mujer semejante, prÃncipe? He oÃdo algo por el estilo, pero no querÃa creerlo.
—¿Cómo? ¿Qué has oÃdo decir? —exclamó Michkin, turbado y estremecido.
Rogochin seguÃa riendo. HabÃa escuchado a su interlocutor con cierta curiosidad, quizá no exenta de satisfacción, porque habÃa sido una sorpresa y un consuelo para él oÃr las palabras cálidas, afectuosas, persuasivas, de Michkin.
—No he oÃdo gran cosa —dijo—, pero ahora veo que era verdad. Si no, ¿cuándo has hablado como acabas de hacerlo? Es un lenguaje muy poco corriente en tu boca… De no haber sabido algo semejante sobre ti, no habrÃa salido a buscarte ni me hallarÃa en el parque a estas horas.
—No te comprendo, Parfen Semenovich.