Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Qué alegrÃa! ¡Asà podré conocerla cada vez mejor! Bueno… me voy… Pero no puedo irme sin estrechar su mano —continuó, dirigiéndose a mà de repente—. ¡Disculpe! Ya sólo decimos cosas incoherentes… Ya he tenido el placer de verle en algunas ocasiones, e incluso nos han presentado. No puedo marcharme de aquà sin expresarle lo mucho que me ha agradado volver a encontrarme con usted.
—Es cierto que nos habÃamos visto —respondÃ, dándole la mano—, pero, discúlpeme, no recuerdo que nos hayan presentado.
—El año pasado, en casa del prÃncipe R.
—Disculpe, lo habÃa olvidado. Pero le aseguro que esta vez no se me olvidará. Esta noche ha sido memorable para mÃ.
—SÃ, tiene usted razón, también para mÃ. Sé desde hace tiempo que es usted un amigo sincero, un verdadero amigo de Natalia Nikoláievna y de mi hijo. Espero llegar a ser uno más entre ustedes. ¿No les parece? —añadió, volviéndose hacia Natasha.
—¡SÃ, es un amigo sincero, y tenemos que estar todos unidos! —respondió Natasha con profunda emoción. ¡Pobrecilla! Qué contenta se habÃa puesto al ver que el prÃncipe no se olvidaba de dirigirse a mÃ. ¡Cuánto me querÃa!