Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Qué sincero es usted. Pero qué quiere que le haga, ¡a mà también me hacen sufrir! También yo soy sincero, estúpidamente sincero; cuestión de carácter. Por cierto, me gustarÃa darle algunas pinceladas de mi vida. Eso le ayudará a entenderme mejor, y le resultará muy interesante. SÃ, tiene usted razón, hoy me parezco a Polichinela; y Polichinela también es sincero, ¿verdad?
—Escuche, prÃncipe, ya es tarde, y realmente…
—¿Qué? ¡Qué impaciencia, Dios mÃo! ¿A qué viene tanta prisa? Si estamos tan a gusto, charlando amigablemente, con toda franqueza, con una copa de vino, como buenos amigos. Piensa usted que estoy borracho: no pasa nada, mejor asÃ. ¡Ja, ja, ja! Lo cierto es que estas reuniones entre amigos quedan después grabadas en la memoria, y las recordamos con nostalgia. No tiene usted buen carácter, Iván Petróvich. Carece usted de sentimentalismo, de sensibilidad. ¿Qué le supone perder una horita de nada con un amigo como yo? Aparte de que todo esto también viene al caso… ¿O es que no se da cuenta? Y encima un escritor: tendrÃa que estar usted agradecido por disfrutar de esta ocasión. Puede crear un personaje basado en mÃ, ¡Ja, ja, ja! ¡Dios mÃo, qué ingenuo, qué cándido estoy hoy!