Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡No la perdonó! —contestó Nellie, haciendo un enorme esfuerzo—. Una semana antes de morir, mamá me llamó y me dijo: «Nellie, tienes que ir a ver al abuelo, por última vez, y pedirle que venga a verme, a darme su perdón; dile que me voy a morir dentro de unos dÃas y te dejo sola en el mundo. Y dile también que se me hace muy duro morir»… Fui para allá, llamé a la puerta del abuelo, él vino a abrir y, al verme, quiso cerrarme la puerta en las narices, pero yo la agarré con las dos manos y le grité: «Mamá se está muriendo y le llama; ¡vaya usted!». Pero me apartó y cerró de un portazo. Yo volvà con mamá, me acosté a su lado, la abracé y no le dije nada… Mamá también me abrazó y no preguntó nada…
Entonces Nikolái Sergueich apoyó las manos con fuerza en la mesa y se puso de pie, pero, tras dirigirnos una mirada extraña y turbia, se desplomó impotente en su asiento. Anna Andréievna ya no le miraba, sino que abrazaba a Nellie entre sollozos…