Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Me han entrado deseos de mirarla —le dijo—. Anoche soñé con usted, y esta noche volveré a soñar… Sueño a menudo con usted… Todas las noches…
Evidentemente, querÃa decir algo, los sentimientos la embargaban; pero no comprendÃa sus propios sentimientos y no sabÃa cómo expresarlos…
QuerÃa a Nikolái Sergueich casi más que a nadie, aparte de a mÃ. Hay que decir que el propio Nikolái Sergueich la querÃa casi tanto como a Natasha. TenÃa una asombrosa capacidad para animar y hacer reÃr a Nellie. En cuanto aparecÃa en su cuarto, empezaban las risas y el alborozo. La enferma se alegraba como una niña pequeña, coqueteaba con el viejo, le tomaba el pelo, le contaba sus sueños y siempre estaba inventándose algo, obligándole a que él también le contara algo, y el anciano se ponÃa tan contento, estaba tan feliz viendo «a su Nellie, a su hija pequeña», que cada dÃa crecÃa su entusiasmo.
—Dios nos la ha mandado para compensarnos por todo lo que hemos sufrido —me dijo una vez, saliendo del cuarto de Nellie, después de haberla persignado antes de dormirse, como solÃa hacer.