Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov El capitán mostró de nuevo, con un gesto de desesperación, las desnudas paredes del vestÃbulo.
—Eso no es de mi incumbencia —manifestó el doctor con una sonrisa—. Me he limitado a decirle lo único que puede responder la ciencia a su pregunta de si se puede hacer algo más. Lamentándolo mucho, los demás problemas que pueda usted tener...
—No tema, «curandero», mi perro no le morderá —dijo Kolia, volviendo a levantar la voz, al ver que el médico miraba con recelo a Carillón, echado en el umbral. Su acento era mordaz. Poco después, Kolia manifestó que habÃa llamado
«curandero» al doctor porque sabÃa que esto era para él un insulto.
—¿Qué dices? —preguntó el médico, mirando a Kolia sorprendido—. ¿Quién es? —inquirió dirigiéndose a Aliocha en el tono del que pide cuentas.
—Soy el dueño de Carillón, curandero. Mi identidad no importa.
— ¿Carillón? —preguntó el doctor sin comprender.
—Adiós, curandero. Ya nos veremos en Siracusa.
—¿Pero quién es éste? —exclamó el doctor, iracundo.