Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov »En resumen, ironías expresadas con toda seriedad. Él mismo me confesó más tarde que ironizaba, pero yo me dejé engañar. Entonces yo estaba echada como estoy ahora y pensaba: “¿Debo poner en la calle a Mikhail Ivanovitch por las palabras groseras que , ha dirigido a un amigo mío en mi casa?” Puede creerme: estaba echada, con los ojos cerrados y sin conseguir tomar una decisión. Estaba desesperada, mi corazón latía con violencia. ¿Debía gritar o no debía gritar? Una voz me decía: “Grita.” Y otra me aconsejaba: “No grites.” Apenas oí esta segunda voz, empecé a gritar. Después perdí el conocimiento. Naturalmente, fue una escena espantosa. De pronto me levanté y dije a Mikhail Ivanovitch:
»—Lo lamento mucho, pero no quiero volver a verlo en mi casa.
»Éstas fueron las palabras con que lo puse en la calle. ¡Oh, Alexei Fiodorovitch! Sé muy bien que obré mal. Mentí: yo no estaba enojada contra él.
Le despedí porque me pareció que la escena era muy apropiada a la situación...
Desde luego, fue una escena muy natural, pues yo lloraba de veras, a incluso estuve varios días llorando. Al fin, un día después del desayuno me olvidé de todo.
Hacía dos semanas que su amigo había dejado de visitarme. Yo me preguntaba: