Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Me están matando tus caprichos, tu inconstancia, tu enfermedad, tus horribles noches de fiebre, ese espantoso doctor Herzenstube que siempre dice lo mismo..., en fin, todo, todo... Además, ese milagro... ¡Cómo me ha impresionado, mi querido Alexei Fiodorovitch! ¡Cómo me ha conmovido!... ¡Y esa tragedia que se ha desarrollado en el salón..., mejor dicho, esa comedia!... DÃgame: ¿cree que el starets Zósimo vivirá todavÃa mañana?... ¿Pero qué me ocurre, Dios mÃo? A cada momento cierro los ojos y me digo que esto es absurdo, completamente absurdo...
—Le agradeceré —dijo de pronto Aliocha— que me dé un trapito para envolverme este dedo. Me he herido y me hace mucho daño.
Aliocha descubrió su dedo mordido y dejó ver el pañuelo manchado de sangre.
La señora de Khokhlakov profirió un grito y cerró los ojos.
—¡Dios santo, qué herida tan espantosa!
Apenas vio el dedo de Aliocha por la rendija, Lise abrió la puerta por completo.