Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Estás en un error, mi querido Aliocha —dijo con una expresión que su hermano no habÃa visto en él jamás, una expresión de sinceridad juvenil, de arrolladora franqueza—. Catalina Ivanovna no me ha querido nunca. Sabe que yo la amo, y desde hace mucho tiempo, aunque no se lo he dicho, y no me ha correspondido jamás. Tampoco me ha considerado como un amigo en ningún momento: es demasiado orgullosa para necesitar mi amistad. Me retenÃa a su lado para vengarse en mà de las continuas ofensas que le infligÃa Dmitri, empezando por la de su primer encuentro, pues esta escena ha quedado grabada en su corazón como una ofensa. Mi papel junto a ella ha consistido simplemente en oÃr hablar de su amor por él... Me voy, Catalina Ivanovna. No le quepa duda: usted le ama a él y sólo a él. Y su amor está en proporción con sus ofensas. Esto es lo que la atormenta. Usted le ama tal como es, con su mal comportamiento. Si se enmendara, dejarÃa de amarlo inmediatamente y lo abandonarÃa. Usted lo necesita para contemplar en él su propia lealtad heroica y reprocharle su traición. Todo esto es orgullo. Se siente usted humillada, pero la culpa es de su orgullo. Soy demasiado joven y la amaba demasiado. Sé que no he debido hablar asÃ, que mi cónducta habrÃa sido más digna si me hubiera limitado a dejarla a usted. Esto la habrÃa herido menos. Pero me voy lejos y no volveré nunca. No quiero respirar esta atmósfera de exageraciones. Por otra parte, no tengo nada más que decirle...