Los hermanos Karamazov

Los hermanos Karamazov

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El sudor corría por su rostro. El sacerdote aprovechó un momento en que le vio calmado para hacerle comprender que, aunque consiguiera despertar al traficante, éste, debido a su embriaguez, no estaría en condiciones de hacer ningún trato.

—Ya que el asunto que le ha traído aquí es tan importante, mejor será que lo deje tranquilo hasta mañana.

Mitia aceptó la sugerencia.

—Me quedaré aqui„padre; esperaré hasta mañana. Apenas se despierte hablaré con él...

Dirigiéndose al guardabosques, añadió:

—Ya te pagaré la bujía y mi estancia de una noche en tu casa. No olvidarás a Dmitri Karamazov... ¿Pero usted dónde se acostará, padre?

—No se preocupe por mí. Regresaré a mi casa en el asno de este amigo —y señalaba al guardabosques—. O sea que adiós y mucha suerte.

El sacerdote hizo lo que había dicho. Montó en el asno y se puso en camino, feliz de haberse librado de Mitia, pero vagamente inquieto, preguntándose si no debería informar al día siguiente a Fiodor Pavlovitch del singular asunto.

«Si no le digo nada, se enojará cuando se entere y me retirará su protección.»


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker