El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —SÃ.
—¿Con el estómago ligero o pesado? ¿Ligero?
—SÃ.
—¿Como cuando toma la pÃldora que yo le hago para tomarla los domingos?
—SÃ.
—¿Barrois hizo la limonada?
—SÃ.
—¿Usted le instó a beberla?
—No.
—¿El señor de Villefort?
—No.
—¿La señora?
—No.
—¿Valentine, entonces?
—SÃ.
Un suspiro de Barrois, un bostezo que le hacÃa crujir los huesos de la mandÃbula, atrajo la atención de d’Avrigny; dejó al señor Noirtier, para acudir a atender al enfermo.
—Barrois —dijo el médico—, ¿puede usted hablar?
Barrois balbuceó algunas palabras ininteligibles.
—Haga un esfuerzo, amigo mÃo.
Barrois abrió unos ojos sanguinolentos.
—¿Quién hizo la limonada?
—Yo.