Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Señores —prosiguió el recién venido, sonriendo de un modo terrible—, vosotros, como yo, vais en persecución de una mujer que debe de haber pasado por aquÃ, como lo prueba el que aquà hay un cadáver.
Los tres amigos no profirieron palabra; pero la voz y el rostro del que hablara les recordaba a un hombre a quien ya habÃan visto, por más que no pudiesen atinar en qué circunstancias.
—Señores —continuó el extranjero—, ya que no queréis conocer a un hombre que probablemente os debe dos veces la vida, será menester que me nombre: soy lord Winter, cuñado de la mujer a quien buscáis.
Los tres amigos lanzaron un grito de sorpresa.
—Bien llegado seáis, milord, sois de los nuestros —dijo Athos, levantándose y tendiendo la mano al inglés.
—Partà de Portsmouth cinco horas después que ella —repuso lord Winter—, tres horas después que ella llegué a Boulogne, y a Saint-Omer únicamente a los veinte minutos de haber salido ella; pero en Lillers perdà sus huellas. Caminaba yo al acaso, pero pidiendo informes a todo el mundo; cuando os he visto pasar a galope, y reconociendo a m. D’Artagnan os he llamado sin que me hayáis respondido. He intentado seguiros, mas mi caballo estaba demasiado fatigado para poder correr tanto como los vuestros. Con todo eso, parece que a pesar de vuestra diligencia habéis llegado excesivamente tarde.