Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Por su parte, los tres mosqueteros querían de manera entrañable a su joven camarada. La amistad que unía a aquellos cuatro hombres, y la necesidad de verse tres o cuatro veces todos los días, sea para un duelo, ya para asuntos particulares o para divertirse, les hacía correr sin cesar uno en pos de otro; a los inseparables siempre se les encontraba buscándose mutuamente desde el Luxembourg a la place Saint-Sulpice o de la rue du Vieux-Colombier al Luxembourg.
Entre tanto, las promesas de m. de Tréville iban camino de realizarse, tanto, que un buen día el rey ordenó al caballero Des Essarts que, en calidad de cadete, admitiese en su compañía de guardias a D’Artagnan; el cual se puso, suspirando, aquel uniforme, que a cambio de diez años de su existencia habría trocado por el casacón de mosquetero. Pero como m. de Tréville prometió este favor al mozo para después de un noviciado de dos años —que podía ser abreviado si a D’Artagnan se le presentaba coyuntura de prestar algún servicio al rey o de hacer una acción meritoria—, nuestro héroe se retiró, confiado en tal promesa, y empezó su servicio al día siguiente.
Entonces fueron Athos, Porthos y Aramis quienes montaban a su vez la guardia con D’Artagnan cuando este de guardia estaba; con lo cual la compañía del caballero Des Essarts tomó, en lugar de uno, cuatro hombres el día que D’Artagnan ingresó en ella.