Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Señora, vais a recibir la visita del canciller mayor, el cual os hará sabedora de cierta comisión que le he encargado.
La desventurada reina, a quien se la amenazaba incesantemente con el divorcio, el destierro y aun con procesarla, pese a sus afeites pudo notarse que palidecÃa.
—¿Por qué tal visita, señor? —no logró refrenarse de decir la reina—. ¿Qué me dirá m. canciller que vuestra majestad no tenga facilidad de decirme?
El rey dio media vuelta sin responder, y casi al mismo instante el capitán de guardias, m. de Guitaut, anunció la visita del canciller.
Cuando este apareció, el rey habÃa salido ya por otra puerta.
Séguier entró entre risueño y avergonzado; pero no estarÃa mal para nuestros lectores que en dos pinceladas les diéramos a conocer este personaje, ya que en el trascurso de la presente historia es fácil que nos encontremos con él otra u otras veces.
Era Séguier un hombre singular. Des Roches le Masle, canónigo de Notre-Dame y antiguo ayuda de cámara del cardenal, fue quien lo propuso a su eminencia, al cual se lo recomendó como devotÃsimo de su persona.
Richelieu confió en el canónigo, y no tuvo motivos para arrepentirse.
Referentes al tal canciller, se contaban ciertas historias, entre otras esta.