Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan entraron en el comedor de la posada y se sentaron a la mesa, a una mesa en la cual precisamente estaba almorzando un hidalgo que acababa de llegar por la carretera de Dammartin, hidalgo que entabló conversación sobre cosas indiferentes con los cuatro amigos, que le respondieron, y luego bebió a la salud de ellos, que le pagaron con la misma moneda.

Sin embargo, en el instante en que Mousqueton vino a anunciar que los caballos estaban prestos, y en que los viajeros se levantaban de la mesa, el desconocido propuso a Porthos beber a la salud de Richelieu, a lo cual respondió aquel que lo haría de mil amores siempre y cuando el proponedor bebiera a la del rey. El desconocido dijo que para él no había más rey que su eminencia; Porthos le replicó que era un borracho, y liados ya de palabras, el desconocido desenvainó su espada.

—Habéis cometido una majadería —dijo Athos a Porthos—, pero ya no tiene remedio; matad a ese hombre y reuníos con nosotros tan pronto podáis.

Athos, D’Artagnan y Aramis se subieron de nuevo sobre sus caballos y partieron a escape, mientras Porthos estaba diciendo a su adversario que iba a abrirle en el cuerpo tantos ojales cuantas eran las estocadas conocidas en esgrima.

—¡Uno menos! —dijo Athos, cuando estuvieron a unos quinientos pasos.


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