Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros La doncella, creyendo que a su ama le habÃa dado un sÃncope, se acercó a ella para desabrocharla; pero milady se levantó con viveza y exclamó:
—¿Qué queréis? ¿Por qué me ponéis la mano encima?
—Temà que la señora se sintiera mal y he creÃdo de mi deber auxiliarla —respondió la doncella toda despavorida ante la terrible expresión que tomara la fisonomÃa de su ama.
—¡Mal yo! ¡Yo! ¡Yo! ¿Creéis por ventura que soy una mujer de alfeñique? —exclamó lady Clarick—. Sabed que cuando me insultan no me siento mal; lo que hago es vengarme.
Y milady hizo seña con la mano a Ketty de que se marchara.