Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Indudablemente —dijeron Aramis y Porthos con certidumbre admirable y como si fuese sencillĂsimo de hacer—; pero mientras, y como debemos partir pasado mañana, serĂa más oportuno que no os expusieseis a entrar en ella.
—Hagamos mejor —dijo Athos—, no le dejemos en toda la velada; aguardémosle cada uno de nosotros en una puerta del palacio con tres mosqueteros; si vemos salir algún coche cerrado y un poco sospechoso, lo atacamos; hace ya mucho tiempo que no nos las hemos habido con los guardias del cardenal, y m. de Tréville debe de tenernos por muertos.
—Decididamente, naciste para mandar a un ejército —dijo Aramis a Athos—. ¿Qué os parece el plan, señores?
—Admirable —respondieron a una Porthos y D’Artagnan.
—Pues bien —repuso Porthos—, me voy inmediatamente al palacio de m. de Tréville para decir a mis compañeros que estén prontos para las ocho; el punto de reunión será la place del Palais-Cardinal; vosotros, entretanto, haced que los lacayos ensillen.
—Yo no tengo caballo —dijo D’Artagnan—; pero voy a hacer que me traigan uno de casa de m. de Tréville.
—No hace falta —profiriĂł Aramis—, tomarĂ©is uno de los mĂos.