Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Vuestra bondad me confunde, monseñor —respondió D’Artagnan—, y veo en vuestra eminencia una grandeza de alma comparada con la cual soy yo un miserable gusano; pero ya que monseñor me da su licencia para que le hable con toda sinceridad…
—Podéis hacerlo —repuso Richelieu al ver que el mozo se interrumpÃa.
—Pues bien, digo a vuestra eminencia que todos mis amigos sirven en los mosqueteros y en los guardias del rey, y que, por una fatalidad inconcebible, mis enemigos sirven a vuestra eminencia; por consiguiente, serÃa yo mal llegado aquà y mal mirado allà si aceptase lo que monseñor me ofrece.
—¡Si alentarÃais ya la orgullosa idea de que no os ofrezco lo que merecéis! —profirió Richelieu con sonrisa de desdén.