Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Enrique IV, cuando puso cerco a París, hacía arrojar pan y víveres por encima de las murallas; Richelieu hizo arrojar papeles escritos en los que hacía evidente a los rochelanos cuán egoísta, injusta y bárbara era la conducta de sus jefes; estos poseían trigo en abundancia, y no lo compartían, adoptando por máxima, pues también tenían máximas, que poco importaba que muriesen las mujeres, los niños y los ancianos, con tal que los hombres que debían defender las murallas de la ciudad conservasen el vigor y la salud. Hasta entonces, ora fuese por abnegación, ora por imposibilidad de oponerse a ella, la mencionada máxima, sin ser generalmente adoptada, había pasado, sin embargo, de la teoría a la práctica; pero los escritos del cardenal la vulneraron. En ellos se recordaba a los hombres que los niños, las mujeres y los ancianos a quienes se dejaba perecer eran sus hijos, esposas y padres, y que lo justo fuera que todos sin excepción quedasen reducidos a la miseria común, a fin de que siendo para todos una misma la situación, hubiese unanimidad en las resoluciones.
Aquellos escritos produjeron todo el efecto que se podía esperar el que los escribiera: muchos fueron los habitantes que determinaron abrir negociaciones particulares con el ejército del rey.