Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Pero en el momento en que Richelieu ya veía fructificar su estratagema y se congratulaba de haberla puesto en planta, un rochelano que había atravesado las líneas de los sitiadores, Dios sabe cómo, tal era la vigilancia de Bassompierre, Schomberg y el duque de Angoulême, vigilados a su vez por el cardenal, entró en la ciudad, procedente de Portsmouth, diciendo que había visto una magnífica flota dispuesta a darse a la vela antes de ocho días. Además, Buckingham anunciaba al alcalde que por fin iba a declararse la gran liga contra Francia, y que esta iba a ser invadida simultáneamente por los ejércitos ingleses, imperiales y españoles. Dicha carta fue leída públicamente en todas las plazas, se fijaron copias de ella en las esquinas de las calles, y aquellos que abrieran negociaciones las interrumpieron, resueltos a aguardar aquel socorro tan pomposamente anunciado.
Esta circunstancia imprevista abismó nuevamente en sus primeras inquietudes a Richelieu, y le obligaron, a pesar suyo, a volver otra vez los ojos hacia el otro lado del mar.