Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Justo al pasar la muralla habĂa una callejuela, de unos cuatro metros y medio de ancho, en la que se alineaban edificios y cobertizos de diferentes alturas, y allĂ vio Tarzán su camino. Llegar al tejado de un cobertizo bajo cargado con la muchacha no era ninguna hazaña para el hombre mono, y desde este cobertizo saltĂł al tejado de una estructura más elevada y despuĂ©s a otra que se hallaba al nivel de lo alto de la muralla de la ciudad.
Itzl Cha, que habĂa mantenido los ojos fuertemente cerrados la mayor parle del tiempo, los abriĂł entonces de nuevo. Vio que Che, Señor del Bosque, la habĂa llevado al tejado de un edificio. Entonces corrĂa velozmente por el tejado hacia la callejuela que se encontraba justo al franquear la muralla. No aflojĂł el paso cuando se acercĂł al borde del tejado; y esto hizo que Itzl Cha cerrara los ojos con fuerza otra vez, pues sabĂa que ambos iban a ser arrojados a la muerte y se estrellarĂan contra la calle.
En el borde del tejado, Tarzán dio un gran salto hacia delante y aterrizĂł en la parte superior de la muralla, al otro lado de la calle. Más abajo se hallaba el tejado de paja de la casa de un labriego, y saltĂł a Ă©l, y de allĂ al suelo. Un instante despuĂ©s, mientras Itzl Cha jadeaba para poder respirar, Tarzán corrĂa por los campos cultivados hacia el bosque.