Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Medio aturdida por el golpe, Janette fue arrastrada mientras se la llevaban; y la esposa del coronel les observĂł echar a andar de nuevo por la playa en la direcciĂłn de la que habĂ­an venido.

—El coronel se enterará de que nos habéis robado las provisiones, sinvergüenzas —les gritó.

* * *

Xatl Din y su centenar de guerreros se acercaban por el bosque dispersados en orden para no dejar un rastro bien señalado; y cuando se acercaban, oyeron dos ruidos fuertes y agudos que parecían proceder de poca distancia por delante de ellos. Ninguno de estos hombres había oído nunca el disparo de un arma de fuego, y por lo tanto no tenían ni idea de lo que era. Avanzaron con cautela, con los ojos y los oídos en constante alerta. Xatl Din iba a la cabeza, y cuando llegó a un lugar más abierto de la jungla, se paró de repente, pues sus ojos tropezaron con algo extraño y desacostumbrado.

En el suelo yacía una bestia enorme, de piel rayada, como jamás había visto. Era evidente que estaba muerta, y sobre ella se hallaba de pie una figura ataviada de un modo extraño, que sostenía una cosa larga, negra y reluciente que no era ni un arco, ni una flecha ni una lanza.


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