Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Medio aturdida por el golpe, Janette fue arrastrada mientras se la llevaban; y la esposa del coronel les observĂł echar a andar de nuevo por la playa en la direcciĂłn de la que habĂan venido.
—El coronel se enterará de que nos habéis robado las provisiones, sinvergüenzas —les gritó.
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Xatl Din y su centenar de guerreros se acercaban por el bosque dispersados en orden para no dejar un rastro bien señalado; y cuando se acercaban, oyeron dos ruidos fuertes y agudos que parecĂan proceder de poca distancia por delante de ellos. Ninguno de estos hombres habĂa oĂdo nunca el disparo de un arma de fuego, y por lo tanto no tenĂan ni idea de lo que era. Avanzaron con cautela, con los ojos y los oĂdos en constante alerta. Xatl Din iba a la cabeza, y cuando llegĂł a un lugar más abierto de la jungla, se parĂł de repente, pues sus ojos tropezaron con algo extraño y desacostumbrado.
En el suelo yacĂa una bestia enorme, de piel rayada, como jamás habĂa visto. Era evidente que estaba muerta, y sobre ella se hallaba de pie una figura ataviada de un modo extraño, que sostenĂa una cosa larga, negra y reluciente que no era ni un arco, ni una flecha ni una lanza.