Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos El coronel se enfrentaba a un dilema. El campamento ahora solo podÃa alardear de cuatro hombres armados, apenas suficiente para defenderlo; y no podÃa ir en busca de Patricia y dejar a Penelope desprotegida, asà como tampoco podÃa dividir su pequeña fuerza, pues incluso cuatro hombres resultaban insuficientes para repeler otro ataque por parte de Schmidt o de los mayas si venÃan en buena cantidad, ni cuatro hombres podÃan esperar atacar con éxito la ciudad de Chichén Itzá a la que estaba convencido de que habÃan llevado a Patricia. Y mientras el coronel buscaba en vano una solución a su problema, Patricia Leigh-Burden era conducida a la sala del trono de Cit Coh Xiu, rey de la isla de Uxmal, y el cabecilla de su escolta se dirigió al rey.
—El noble Xatl Din nos ordenó que trajéramos a esta prisionera a su rey y amo, mientras Xatl Din y sus guerreros seguÃan para atacar el campamento de los extranjeros. Ha habido una batalla, pues hemos oÃdo los extraños ruidos con los que matan estos hombres blancos, pero no sabemos con qué resultado.
El rey hizo gestos de asentimiento.
—Xatl Din ha hecho bien —dijo.
—Lo ha hecho excelentemente —dijo Chal Yip Xiu, el sumo sacerdote—; esta mujer será una ofrenda muy adecuada para nuestros dioses.