Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos En este momento fue cuando un león irrumpió de pronto desde la jungla un poco a su izquierda. Brotaba sangre de una herida en el costado del león, y estaba de muy mal humor. La bestia pasó unos metros por delante de él, luego se volvió bruscamente y echó a correr hacia él.
Tarzán, con absoluta calma, levantó su corta y pesada lanza por encima de su hombro derecho y esperó. Y entonces…, se encontraba de espaldas a la jungla.
Fue entonces cuando los buiroos se lanzaron sobre él por detrás.
Su sorpresa fue grande, pero no detuvo su acción. Chemungo, hijo de Mpingu, el jefe, reconoció al hombre blanco, reconoció a Tarzán —Tarzán, que una vez había robado de la aldea a un cautivo que iba a ser torturado y sacrificado—, Tarzán, que de paso había dejado en ridículo a Chemungo.
Chemungo no perdió el tiempo. Arrojó su lanza y el hombre blanco cayó con el arma temblando en su espalda. Pero los otros guerreros no se olvidaron del león. Con fuertes gritos se precipitaron sobre él, sosteniendo sus grandes escudos delante.
La bestia se abalanzó sobre el primer guerrero, golpeando el escudo y arrojando al hombre al suelo donde el escudo le protegía, mientras sus compañeros rodeaban al león y le atacaban con sus armas.