Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Pero Tarzán actuó con cautela. Estaba enviando una llamada, pero aumentó el volumen gradualmente, para que en la mente de los buiroos permaneciera la ilusión de la plegaria. Y así, los sonidos que emitía aumentaban de volumen tan gradualmente que de un minuto al siguiente el cambio era apenas perceptible. Ocurrió de repente que los buiroos se dieron cuenta de que la voz de Tarzán era muy alta, y durante otro minuto se lo explicaron con la suposición de que Tarzán no conseguía que sus dioses le escucharan. Entonces oyeron, rompiéndoles los tímpanos, como el trueno cuando los cielos están negros y enojados, el gran bramido de Tarzán.

De pronto se hizo el silencio.

* * *

En las profundidades de la jungla, Tantor, el elefante, alzó la cabeza hacia la brisa nocturna y la parte delantera de la trompa se enroscó de forma espasmódica. Movió las orejas como si fueran alas. Se dio casi media vuelta para ponerse plenamente de cara a la brisa. Una vez más oliscó; y luego barritó.

Barritó, convocando a su manada. Esta llegó, todos los elefantes se quedaron de cara al viento con él, escucharon, oyeron lo que oyeron. Habían estado vagando lejos, fuera de sus terrenos habituales, siguiendo a su jefe sumisamente, pues su jefe había estado muy inquieto los últimos días, como si buscara algo, y habían temido contrariar su voluntad.


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