Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Hacia medianoche, unos gritos salvajes y un disparo despertaron a los miembros del campamento. Smith salió corriendo de su tienda, que compartÃa con Peterson. Ramsgate saltó de su catre, se precipitó fuera en pijama y a punto estuvo de chocar con Smith.
—¿Qué ocurre, amigo? Por el amor de Dios, ¿qué ha pasado?
—Ese gigante loco —gritó Smith—. Ha estado aquà de nuevo. Esta vez ha matado a Peterson. Le he disparado. Creo que le he dado, pero no lo sé. No puedo estar seguro.
—¿Adónde ha ido? —espetó Ramsgate.
—Se ha metido en la jungla, por ahà —señaló Smith jadeando.
Ramsgate meneó la cabeza.
—Es inútil seguirle —dijo—. Jamás le encontrarÃamos. Fueron a la tienda de Peterson y le encontraron tumbado en su catre, apuñalado en el corazón mientras dormÃa. Aquella noche nadie volvió a dormir en el campamento, y tanto los blancos como los askaris hicieron guardia.