Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Los animales habían estado inusualmente callados durante algún tiempo; pero ahora empezaban a tener hambre, y la queja del león incitó a los demás, con el resultado de que en unos momentos ascendió desde la bodega un diapasón de gritos salvajes que helaban la sangre: los fuertes rugidos de los leones, los gruñidos como tos de los tigres, la espantosa risa de las hienas, el barritar de los elefantes mezclados con el caos de sonidos de las bestias inferiores.
—¡Oh-h-h! —gritó miss Leigh—. ¡Qué horror! Haz que se pare ese ruido enseguida, William.
El coronel emitió un sonido gutural para demostrar su desaprobación, pero sin su vigor habitual. Después, sin embargo, mientras los cuidadores chinos e indios daban de comer a los animales, el ruido fue bajando de volumen y de nuevo reinó el silencio.