El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Aquella noche dormí en Teotihuacán, donde me informé de cómo en la semana anterior habían derrotado a los ladrones, cogiendo al cabecilla, a quien habían colgado a la salida del pueblo.
Con estas noticias, lleno de miedo, procuré dormir, y a otro día a las seis de la mañana ensillé, y encomendándome a Dios de corazón, seguí mi marcha.
Como una legua o poco más había andado cuando vi afianzado contra un árbol y sostenido por una estaca el cadáver de un ajusticiado, con su saco blanco y montera adornada con una cruz de paño rojo que le quedaba en la parte delantera de la cabeza sobre la frente, y las manos amarradas.
Acerquéme a verlo despacio; pero ¿cómo me quedaría cuando advertí y conocí en aquel deforme cadáver a mi antiguo e infeliz amigo Januario? Los cabellos se me erizaron; la sangre se me enfrió; el corazón me palpitaba reciamente; la lengua se me anudó en la garganta; mi frente se cubrió de un sudor mortal, y perdida la elasticidad de mis nervios, iba a caer del caballo abajo en fuerza de la congoja de mi espíritu.
Pero quiso Dios ayudar mi ánimo desfallecido, y haciendo yo mismo un impulso extraordinario de valor, me procuré recobrar poco a poco de la turbación que me oprimía.